Siguatepeque, Comayagua celebra este 25 de enero en honor a San Pablo

Siguatepeque está situado al norte de la Reserva biológica de Montecillos, en la meseta central de Honduras, en la región central, entre las dos principales ciudades, como son: Tegucigalpa y San Pedro Sula. Distando a 114 kilómetros de la primera y 139 kilómetros de la segunda.

Está situado en una meseta altiplanicie, rodeada de verdes pinares que aún oxigenan la ciudad, formando parte del departamento de Comayagua, levantándose entre 1000 y 1200 m s. n. m. Su ubicación es de 14° 36′ 0″ de latitud norte y 87° 49′ 60″ de longitud oeste, teniendo su municipio una extensión territorial de 392.2 km².

Siguatepeque viene del vocablo de origen náhuatl cihualtepetl, «cihuatl» (mujer) + «tepetl» (cerro) que significa: «el cerro de las mujeres».

El actual emplazamiento de Siguatepeque era habitado por indígenas de la etnia lenca, que vivían de casas de paja yen la ribera de los ríos y riachuelos. De este grupo humano han sido hallados algunos utensilios como piedras de moler, vasijas, jarrones, ollas, objetos de adornos para sala, imágenes de deidades de diferentes formas y tamaños.

El 7 de diciembre de 1537, el adelantado Alonso de Cáceres recorrió el poblado con sus huestes españolas, encontrando indígenas habitando en las faldas y sabanas aledañas al cerro Calanterique y también en las orillas de los riachuelos: Guique y Guaratoro. Según el Padre Vallejo; Siguatepeque se cree fue fundada inicialmente por indios de origen lenca, por el año de 1689. Ya para el año de 1788, Siguatepeque formaba parte de un curato de seis cofradías y contaba con las siguientes aldeas: Jaitique, Meámbar y Taulabé. Hay dos padrones del curato de Siguatepeque en el Archivo Eclesiástico de Comayagua, con fecha de 1796.

El libro de registro más antiguo de la época que se ha encontrado data de 1850, formando este, parte del archivo de la municipalidad. El 14 de abril de 1861 se le dio a Siguatepeque la categoría de municipio del departamento de Comayagua. Inicialmente se le dio el nombre de San José de Siguatepeque. Para el año de 1889 pierde como municipio la aldea de meambar, la que se constituye a su vez en municipio. Ese mismo año (1889), Siguatepeque se convierte en capital religiosa del país al instalarse en el lugar el Obispo de Honduras, Fray Manuel Francisco Vélez, quien había adquirido el inmueble del que fue el antiguo edificio del Instituto Genaro Muñoz Hernández, el cual era en esos tiempos, casa de retiro para los sacerdotes de su parroquia.

En 1847, la población cuenta ya con su primer Gobierno Municipal, presidido por don Juan Francisco Martínez, esto fue en tiempos que ocupó la presidencia de la república el Doctor Juan Lindo, cuando la ciudad de Comayagua era la capital de Honduras.

El 9 de abril de 1926 el Congreso Nacional le confiere el título de Ciudad, siendo Presidente de Honduras, el Doctor Miguel Paz Barahona y don Darío Velásquez Castellanos, fungiendo como alcalde de la ciudad, siendo su Síndico don Domingo Meza Discua.

Pablo de Tarso

Pablo de Tarso, de nombre judío Saulo de Tarso o Saulo Pablo,​ y más conocido como san Pablo (Tarso, Cilicia 5-10 d. C.​-Roma, 58-67​), es llamado el «Apóstol de los gentiles», el «Apóstol de las naciones», o simplemente «el Apóstol».​ Fundador de comunidades cristianas, evangelizador en varios de los más importantes centros urbanos del Imperio romano tales como Antioquía, Corinto, Éfeso y Roma, y redactor de algunos de los primeros escritos canónicos cristianos —incluyendo el más antiguo conocido, la Primera epístola a los tesalonicenses—, Pablo constituye una personalidad de primer orden del cristianismo primitivo,​ y una de las figuras más influyentes en toda la historia del cristianismo.

Del análisis de sus epístolas auténticas, surge que Pablo de Tarso reunía en su personalidad sus raíces judías, la gran influencia que sobre él tuvo la cultura helénica y su reconocida interacción con el Imperio romano, cuya ciudadanía —en el decir del libro de los Hechos de los Apóstoles— ejerció. Pablo se sirvió de este conjunto de condiciones para fundar varios de los primeros centros cristianos y para anunciar la figura de Jesucristo tanto a judíos como a gentiles. Sin haber pertenecido al círculo inicial de los Doce Apóstoles, y recorriendo caminos marcados por incomprensiones y adversidades,​ Pablo se constituyó en artífice eminente en la construcción y expansión del cristianismo en el Imperio romano, merced a su talento, a su convicción y a su carácter indiscutiblemente misionero.​ Su pensamiento conformó el llamado cristianismo paulino, una de las cuatro corrientes básicas del cristianismo primitivo que terminaron por integrar el canon bíblico.

De las llamadas epístolas paulinas, la Epístola a los romanos, la Primera y la Segunda epístola a los corintios, la Epístola a los gálatas, la Epístola a los filipenses, la Primera epístola a los tesalonicenses y la Epístola a Filemón tienen en Pablo de Tarso su autor prácticamente indiscutido. Ellas son, junto con el libro de los Hechos de los Apóstoles, las fuentes primarias independientes cuyo exhaustivo estudio científico-literario permitió fijar algunas fechas de su vida, establecer una cronología relativamente precisa de su actividad, y una semblanza bastante acabada de su apasionada personalidad.​ Sus escritos, de los que han llegado a la actualidad copias tan antiguas como el papiro  datado de los años 175-225, fueron aceptados unánimemente por todas las Iglesias cristianas. Su figura, asociada con la cumbre de la mística experimental cristiana, resultó inspiradora en artes tan diversas como la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura, y la cinematografía y es para el cristianismo, ya desde sus primeros tiempos, una fuente ineludible de doctrina y de espiritualidad.

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