Juticalpa es un municipio y la cabecera del departamento de Olancho, Honduras.
El nombre de la ciudad proviene de la lengua náhuatl (clásico) y significa “Tierra de Caracolillos”. Los españoles le llamaron originalmente Jutiapa.
La ciudad posee un clima tropical, todo el año. La época de lluvias es de mayo a octubre.
En 1530, fue fundada.
En 1791, Juticalpa ya aparece en los registros como San Juan de Juticalpa.
En 1835 (16 de junio), se cambia el nombre de San Juan de Juticalpa por Juticalpa y recibe el título de ciudad.
En 1865, Juticalpa pasó a ser la cabecera del departamento de Olancho, luego que en el departamento se dieran varios levantamientos armados, en contra de las autoridades de la localidad de Manto, la antigua cabecera, y del gobierno central de Honduras. En los registros oficiales, Juticalpa aparece como la cabecera oficial del departamento a partir del 12 de agosto de 1865.
A través de los años Juticalpa ha sabido mantener su patrimonio colonial, que en algunas áreas contrasta con algunas estructuras modernas de la ciudad.
La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, conocida también como la Purísima Concepción, es un dogma de la Iglesia católica decretado en 1854 que sostiene que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo, recogiendo de esta manera el sentir de dos mil años de tradición cristiana al respecto. Se celebra el 8 de diciembre, nueve meses antes de la celebración de la Natividad de la Virgen el 8 de septiembre.
No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento virginal de Jesús, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón mientras que María permaneció virgen antes, durante y después del parto.
Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo, y sostiene que Dios preservó a María desde el momento de su concepción de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, quien también es Dios. La doctrina reafirma con la expresión «llena de gracia» (Gratia Plena) contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios.
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